La combinación de un paisaje árido, pero lleno de oasis, más una montaña imponente hacen de este valle un sitio único para, literalmente, recargar las pilas.
Al viajar al Valle del Elqui, el centro geo-magnético de la Tierra, esperaba encontrarme con algo más obvio, más cósmico. En las semanas anteriores a mi viaje, casi todo el mundo me narró historias acerca de su energía mística y sus extraordinarios poderes curativos. Pero al final de mi estadía, lo que me faltó en reacciones cósmicas fue ciertamente compensado por el paiaje y la experiencia vivida.
El Valle del Elqui, a casi 600 km al norte de Santiago, Chile, es un oasis enclavado a los pies de la cordillera de Los Andes. Abarcando unos 50 a 100 km de extensión al este de La Serena, es una angosta franja de fértiles tierras cubiertas con plantaciones de papayas, chirimoyas y viñedos. A modo de intenso contraste, su verde suelo está rodeado de empinadas montañas de sequedad casi desértica, pobladas de espinosos cactus.
Al fondo del valle, en las cercanías de Cochiguaz, su atractivo esotérico se hace más notorio. Se escucha música new age en casi todos los cafés y restaurantes, y de cada casa cuelgan carteles anunciando lectura del tarot y sesiones de meditación. En los últimos años ha habido una masiva "esoterización" de este lugar debido a su increíble habilidad para inducir a la relajación, derivada de su mística concentración de energías.
Hay diversas explicaciones respecto del origen de su afamada energía. Algunas la atribuyen al poder del sol, que brilla un promedio de 360 días al año sin nublarse nunca. La claridad y altitud del valle ofrecen también un increíble cielo nocturno. Muchos de los mejores observatorios astronómicos del mundo se ubican en este lugar. Otro mito popular dice que el Valle del Elqui constituye el tercer punto en un triángulo compuesto por las pirámides egipcias y mayas. Pero mucha gente del lugar concuerda en dos cosas. Primero: que las montañas del valle contienen una abundancia de minerales, como cobre y magnesio, y rocas magnéticas con poderes curativos benéficos. Segundo: el Valle del Elqui está localizado en forma diametralmente opuesta a las montañas de los Himalayas. Cochiguaz está en el paralelo 30º Sur, mientras que Lhasa, en el Tibet, está en el paralelo 30º Norte, y la entrada geo-magnética de la Tierra, se dice, ingresa por un extremo y sale por el otro, en ciclos que se alternan. Una historia parecida, contada en muchas guías de viaje, dice que el centro de la energía se traslada cada 12.992 años de los Himalayas a Los Andes, y que el cambio actualmente en curso se completará en el 2012.
Cochiguaz
Es por ello que no sorprende que el valle sea un lugar propicio para el avistamiento frecuente de ovnis. La lugareña Lily Aguilera dice haber visto cientos de ellos. Lily es la dueña del restaurante El Refugio del Alma Zen, en Cochiguaz, y dice que no hay manera de confundirlos con satélites o aviones. "Cientos de turistas han venido aquí a verlos, y a veces parece una broma, porque nosotros les decimos, 'ojalá vean un ovni', y justo aparece uno cerca de la montaña", señala. Pero Claudio Cortés, dueño del camping Tambo Huara, también en Cochiguaz, dice que en los 25 años que vive aquí, nunca ha visto uno. “Solo los locos los ven, o los campistas borrachos", insiste. "Bébete una botella de pisco del valle y empezarás a ver cualquier cosa".
Pero este lugar es también un sitio popular de peregrinación para los místicos, y muchos se quedan a vivir aquí, atraídos por la tranquilidad y el estilo de vida esotérico. Cochiguaz es el corazón de esta comunidad, donde abundan casas con energía solar, pirámides metálicas colocadas en los jardines para canalizar energías y letreros por todos lados que anuncian reiki, zen, baños de lodo y chakras.
Es cierto que el valle es un conducto perfecto para las técnicas de relajación. Su efecto tranquilizador es indiscutible. A los pocos minutos de haber puesto un pie fuera del vehículo ya se puede sentir la calma. Los únicos sonidos están compuestos por el canto de los pájaros, el silbido del viento que llaman “mistral” y el calmo fluir de las aguas del río Cochiguaz.
El camping Tambo Huara hace un estupendo trabajo al aprovechar esta tranquilidad. El lugar completo está diseñado como un jardín zen, con rocas estratégicamente colocadas delineando cada sitio, árboles plantados para crear la sombra correcta y cactáceas locales que reemplazan los tradicionales arbustos orientales.
También hay fuentes de agua, áreas de meditación y cabañas de reiki entre medio de los sitios para acampar. Estos son solo 12, pero están ubicados en puntos clave, desde donde se escucha el sonido de las aguas del río Cochiguaz. Es posible ver a su dueño, Claudio Cortés, moviendo y reubicando las grandes piedras del río cada mañana para asegurar un flujo óptimo. Y sus esfuerzos valen la pena. Este río, sencillamente, hipnotiza. De hecho, me adormeció en varias ocasiones en que descansaba en su ribera, a mí, que no suelo dormir durante el día. Cortés dice que muchos visitantes se quedan más noches de las previstas debido a que no pueden levantar sus campamentos. En mi grupo de acompañantes, usualmente conversador y ruidoso, este lugar tuvo un singular efecto silenciador.
De modo que, aunque no sentí la magia del valle, sí viví algo sorprendentemente relajante y tranquilizador. A todos los que hablan de sus poderes energizantes, les digo que no es tal: durante el fin de semana que permanecí en el Elqui, sentí que mis energías eran absorbidas. Pero de una buena forma. Entonces, dejé este fértil valle con una teoría propia acerca de su fuente de energía mística: quizás proviene de las legiones de visitantes que vienen a cosecharla.
Vuelos LAN: desde Santiago, 3 vuelos semanales a La Serena. Desde esa ciudad, siguiendo el curso del río Elqui, hay aproximadamente 125 km hasta Cochiguaz.
Fuente: Jen Ross en Revista Lan.
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Erick Kruger
8 oct 2009 | 05:32 AM
la cago el valle yo tambien iva con la idea de sentir la magia del valle pero como nos dijo un sabio del sector xD la gracia es conectarse con uno mismo no con cosas de afuera
muy buen texto
saludos